sábado, 15 de septiembre de 2012










Lectura de la carta a los Hebreos 5,7-9:

Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.

Sal 30,2-3a.3b-4.5-6.15-16.20 R/. Sálvame, Señor, por tu misericordia

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo,
inclina tu oído hacia mí. R/.

Ven aprisa a librarme,
sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame. R/.

Sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi amparo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás. R/.

Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: «Tú eres mi Dios.»
En tu mano están mis azares:
líbrame de los enemigos que me persiguen. R/.

Qué bondad tan grande, Señor,
reservas para tus fieles,
y concedes a los que a ti se acogen
a la vista de todos. R/.

Lectura del santo evangelio según san Juan 19,25-27:

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.
Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.»
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

II. Compartimos la Palabra

  • Junto a la Cruz de Jesús estaba su Madre

En este pasaje de la Carta a los Hebreos, nos encontramos con el ejercicio del Sumo Sacerdocio de Jesús. El Santo Padre en su libro de Jesús de Nazaret nos dice “en su gritar, llorar y orar, Jesús hace lo que es propio del Sumo Sacerdote. El lleva la zozobra de ser hombre hacia lo alto, hacia Dios. Lleva al hombre ante Dios.” Reflexionar hoy ante este misterio, es alentar nuestra oración personal de cada día. Oración que, como la de Jesús, debe de tener al hombre en una parte y a Dios Padre en la otra.
Ayer celebramos la Santa Cruz y hoy en la obediencia de María se vuelve a iluminar y a poner ante nuestros ojos el Signo de Salvación. Trayendo también aquí las palabras de Papa en su libro: Desde la Cruz viene a los hombres una vida nueva. En la Cruz, Jesús se convierte en fuente de vida para sí y para todos. En la Cruz, la muerte queda vencida. El que Jesús fuera escuchado afecta a la humanidad en su conjunto: su obediencia se convierte en vida para todos. Y, así concluye la Carta a los Hebreos coherentemente con las palabras: Se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna, proclamado por Dios Sumo Sacerdote según el rito de Melquisedec.
  • Ahí tienes a tu Madre

En este Evangelio en la fiesta de la Virgen de los Dolores. La protagonista es María la madre de Jesús. En este pasaje se basa la maternidad espiritual de María.
Jesús nos revela algo importante: ha llegado su hora y, con ella, la de su madre, que se convierte en mujer. Ella simboliza a la Iglesia. Lo mismo que el discípulo amado simboliza a todos los creyentes. De ahí que el discípulo amado reciba a la madre de Jesús como suya, como algo que le pertenece y a lo que no puede renunciar. Lo propio del discípulo es la fe. El discípulo al que Jesús tanto quería cumple el mandato recibido desde la cruz aceptando a la madre de Jesús como madre. Junto a la cruz de Jesús, María, que tampoco aquí es llamada por su nombre, tiene una doble dimensión: 1º por ser la madre de Jesús, por lo que todo el mundo le tributa cariño, respeto y veneración, y 2º la de ser símbolo de la Iglesia, que está naciendo en aquel momento, por lo que debemos recibirla todo creyente como algo propio e irrenunciable.
María nuestro ejemplo en la fe, como mujer creyente. Ella supo edificar su vida sobre roca, porque ella escuchó la Palabra y la puso en práctica, y se fió plenamente de Dios. Como nos dice el evangelio de Lucas en este sábado XXIII. Ella cumplió fielmente el encargo recibido de Dios hasta las últimas consecuencias. Ella es nuestro ejemplo a imitar, mujer de dolores y sufrimiento, pero mujer fuerte y firme en la fe.
Monasterio Sta. María la Real - MM. Dominicas